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Su nombre fue Ixca Cienfuegos
a Úrsula Karam Maldonado
Mi nombre es Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México D.F. Esto no es grave. En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta. Afrenta, esta sangre que me punza como filo de maguey. Afrenta, mi parálisis desenfrenada que todas las auroras tiñen de coágulos. Y mi eterno salto mortal hacia mañana. —La región más transparente, CF
Cuando murió Octavio Paz, este blog no existía ni tenía yo noción de que algún día existiría. Mi hija estaba a dos meses de alcanzar su primer año de vida. Algunos meses, antes o después de la muerte de Paz, no lo recuerdo con precisión, visité por varios días la Biblioteca de la Ciudad de Xalapa, en la esquina de las calles Benito Juárez y Carrillo Puerto, porque en ella se encontraban encuadernadas la colección completa de la revista Vuelta (con excepción de los dos últimos años y el año en curso) y algunos ejemplares de la revista Plural.
Para mí, de manera ineludible, remitirme a Carlos Fuentes es recordar tales días y, de manera indisociable, recordar a Octavio Paz. No sé si esto al final de sus destinos les ocasione regocijo en sus respectivas ausencias. Pero debo suponer remotamente que sí.
Mis vistas a la biblioteca, al principio, las dediqué a buscar poesía del argentino Santiago Kovadloff en la revista Vuelta, que sí contenía varios textos suyos, sobre todo de crítica literaria, más no recuerdo haber encontrado allí ni un sólo poema de él y tuve que conformarme con la selección del Material de Lectura de la UNAM (que, por cierto, jamás he vuelto a hallar desde entonces). Mi curiosidad, después, me llevó por otros derroteros.
En ese recinto leí por vez primera El mono gramático (hasta el apartado nueve), siendo, de manera simultánea, mi primer acercamiento a las letras de Paz; así, me enteré también de la relación entre este singular “ensayo”y su libro de poemas Vuelta, que terminé por conseguir de manera accidental poco tiempo después. Mi curiosidad no se detuvo ahí, revisé con asombro el origen y la concepción de la revista cuyo nombre comenzaba adquirir ya para mí un carácter místico; esa misma publicación que, años atrás, no pasaba de ser un fantástico fetiche de culto, más admirado que leído con vastedad, comenzó a adquirir un sentido muy distinto. Leí con asombro la primera editorial de Vuelta, dedicada a narrar las razones del éxodo de una publicación a otra, la ruptura definitiva con Excelsior y la solidaridad expresada por tantos intelectuales mexicanos, latinoamericanos y de todo el mundo, solidaridad por aquello que representó la breve duración de Plural para la literatura mexicana, en tanto un espacio riquísimo de crítica, creación y reflexión universal.
Un hecho que se convirtió en impronta para mí durante las visitas ratoneras, era la declarada ruptura entre Carlos Fuentes y Octavio Paz. Si soy sincero, no podría decir con precisión aquello que sólo llega a mi mente como un pasaje de corrillos, deformado por los años y mi pésimo talante de investigador hemerográfico, a tal grado que sólo queda en mi memoria la imagen de un Carlos Fuentes furibundo por la publicación de cierta crítica de Enrique Krauze, avalada por Paz en Plural*. Pero esa imagen es suficiente para evocar una idea que, desde entonces, me llevó al pináculo de lo absurdo: me juré a mí mismo que nunca incurriría en tan grave imposición del desamor. Entonces, nunca quise dar crédito a la idea de que fueran tan cercanos, o amigos, antes del suceso de aquel incidente. ¿Cómo puede medirse la amistad o el afecto a través de un mutuo error? Era inconcebible que donde hubo tan allegada amistad ahora no hubiese simplemente nada.
Hoy, muchos años después de mirar con tal gravedad aquel asunto de ruptura entre Fuentes y Paz, me veo a mí mismo alejado neciamente de varias amadas amistades, por razones que ni yo mismo me explico. Y, será quizás, porque uno de los aludidos en este caso, con quien no cruzo palabra desde hace un par de años, me instó a dejar mis prejuicios sobre Carlos Fuentes novelista, para leer, lo que él considera su única y verdadera novela: La región más transparente; esto sucedió hace menos de cuatro años; evidentemente le estoy muy agradecido. Sin duda no hubiese conocido, más que por referencias anecdóticas, a Ixca Cienfuegos.
Reconozco, no obstante, que antes de leer la “única novela” de Carlos Fuentes, siempre consideré que es mejor ensayista que narrador. En el periodo que tuve como universitario de letras en la UNAM, llegué a disfrutar suficiente sus críticas literarias y también Valiente nuevo mundo, que no dejo de celebrar como mucho más lúcido que El laberinto de la soledad, en lo que concierne al tema de la identidad, más allá de los nacionalismos.
El tiempo no perdona. Quizás por aquellos años cincuenta, siendo tan jóvenes ambos escritores, Ixca Cienfuegos expresaba el álter ego de Carlos Fuentes o, quizás, representaba para él el álter ego de Octavio Paz ¿cómo saberlo?; al final, sus enormes egos impidieron que la amistad retomara destino. Como bien dijo el buen @odiseodietrich: los amigos de mis amigos ya se quedaron sin amigos.
[RK]
Esta es mi última estampa del señor Carlos Fuentes: declarando en los últimos 39 segundos de una entrevista concedida a la BBC de Londres, que “Enrique Peña Nieto es un hombre de muy escasos recursos políticos e intelectuales… tiene derecho a no leerme, lo que no tiene derecho es a querer ser presidente de México a partir de la ignorancia… los problemas exigen un hombre que sepa algunas cosas… y no es este el hombre capaz de hacerlo”. Ver entrevista aquí
* Me precisó Héctor Leonel Reyes Mora, en un comentario de Facebook, que no fue en Plural donde se publicó el ensayo de Enrique Krauze, La comedia mexicana, núm. 139, Vuelta (1988), motivo preliminar del distanciamiento definitivo entre Fuentes y Paz.
![Acuarela de hojas y quietud:ineludibles axiomas en racimo,curvan ausentes presenciasen sobrada distensión de instantes.Mediodía de trinos, claridadesy silencios.
[RK]
everlytrue:
{ A PRETTY PHOTOGRAPH } … Sprig
*By Vince Reichardt.](http://25.media.tumblr.com/tumblr_lgo8zd4cT91qdk1qco1_500.png)

